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Jesús González Mendoza o la poesía del hambre y el crimen organizado

Jesús González Mendoza o la poesía del hambre y el crimen organizado
2021-12-04 11:12:07 RedLab Literatura

por Emmanuelle Brío

 

Restos, de Jesús Gonzáles Mendoza, inicia refiriendo a la fe:

"Benditos aquellos que pueden sacarse los ojos".

El poemario parte de la violencia entre los hombres. El autor no puede detener la maldad, es impotente ante la sangre derramada. Sólo le  resta al poeta ser un testigo, asombrarse de lo bello de la tierra y lamentar las matanzas del crimen organizado. El miedo se hace presente y el narrador mira su muerte en los ojos de los otros:

"Vi la muerte de todos y con los ojos de todos vi mi propia muerte".

 

La muerte es precedida por el ladrido de los perros, tras los ladridos que aterran al poeta, llega la muerte:

 

"Si alguien debe morir morirá".

 

El autor imagina los dolores de los habitantes que sufren en su pueblo, y busca darle voz a estas víctimas de la violencia:

 

"Guardo el cuerpo de mi madre en un cajón

todas las noches lo saco y lo pongo sobre la cama

le cuento de mi día y le pido que me deje dormir con ella".

 

Hay quienes suplican ser salvados:

 

"y me lancé de lo más alto esperando que alguien me atrapara"..

 

El poeta rememora la inocencia del pueblo que se refugia en las superstición de Dios y necesita de la fortaleza que la religión le ofrece. El pueblo del poeta valora la inocencia de la vaca, que no piensa, que no odia ni asesina pero entiende de matanzas porque mira el descuartizamiento de otras vacas:

"No hay animales más noble que una vaca

que incluso son capaces de sentir la gracia de dios".

 

El poeta se lamenta por los asesinados en manos del narcotráfico y nos cuenta lo normal que es la violencia en su pueblo, Calcomán, al sur de Michoacán:

 

"Era un aguacatero degollado que no cumplió con el diezmo del narco".

 

Después de la introducción narrativa, nos describe las muertes poéticamente:

 

"un hombre despedazado

suele ser hermoso

no tendría ningún problema con él

si me dejará dormir

 

no lo saco de la habitación

porque sé que también

me llegará el momento

de estar debajo de otra cama".

 

El poeta recuerda que tiene suerte de haber sobrevivido al los matones del narco, lamenta que no exista castigo para los asesinos, cuestiona la fe en Dios de un pueblo formado por mortales, y llega un momento en el que nos revela su miedo:

 

"Soy un fantasma

y tengo miedo

dicen

que del otro lado de la puerta hay un muerto".

 

El poeta no ve salvación para su pueblo, que seguirá reproduciéndose y traerá nuevas generaciones a sufrir:

 

"los puercos nacerán

en el matadero".

 

El poeta hace una estampa del fin de la inocencia al aplicar la eutanasia con sus propias manos a un perro que sufría. El poeta descansa y teme despertar un día con los ojos arrancados.

 

La última parte del poemario está dedicada a las dificultades de la pobreza, y presenta el tema con un epígrafe de Rulfo. El poeta denuncia muchísima pobreza que hace a la gente "no pensar", que hace a la gente cerrar los ojos. Quizá así, cuando la gente no piensa por el hambre se Iguala a las vacas que en la primer parte aparecen, que no piensan pero sí entienden de otras vacas descuartizadas.

El pueblo que nos presenta el libro está sometido a las supersticiones religiosas y a la miseria económica, al hambre, a la ignorancia; un pueblo que prefiere cerrar los ojos y no pensar, un pueblo que vive con el terror de ser asesinado cualquier día en manos del crimen organizado. El poeta denuncia el hambre de su tierra, a la que los hombres no pueden acostumbrarse, y por la cuál no pueden pensar; no pensar los convierte en seres incompletos.

Los lectores podemos preguntarnos: ¿se puede por esa misma hambre justificar a los saqueadores del crimen organizado que robaron y asesinaron para salir de la pobreza? Dado que dentro de la lógca del libro, los saqueadores asesinos  tampoco piensan, al ser víctimas del hambre, ¿cómo podrían  dicernir la bondad y la maldad de sus acciones, si son simples victimas de la miseria? ¿La misma miseria que hace a la gente no pensar los lleva a saquear?

El libro se despide de los lectores regalándonos bellos pájaros y con el autor intentando retener la imagen bella. 




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